La vida es un gran viaje con diferentes paradas, hace unos días que Eva me animó a que viajáramos a Madeira, lo vi como buena opción, aunque en algunos momentos dudé si mi equipaje estaba preparado para moverme lejos, o si más bien lo estaba mi cuerpo para soportar el peso de mi equipaje...
pero al llegar a Madeira nos recibió un paisaje lleno de color
con una vegetación llena de color, con unos cielos increíbles, con un océano infinito.
Y poco a poco, más que deshacerme de equipaje, mi alma se fue recolocando , porque durante los últimos tiempo sentía que si mi alma fuera como un puzzle, los últimos acontecimientos habían descolocado todas las piezas, y las aristas dañaban mi piel, y mi alma, donde estaba mi alma?, mi esencia? donde estaba mi fuerza?.
Pensé que el viaje me sentaría bien, no para colocar las piezas de mi puzzle, si no para olvidarme que mi alma estaba rota.
Y entre subidas y bajadas por las cuestas del paisaje, las piezas se iban asentando, el cielo me invitaba a la calma, el verde a la vida, las flores a la alegría, las excursiones me devolvían a la idea de que cada momento es único y nunca volvemos a pasar por el mismo sitio dos veces ( o el sitio ha cambiado o lo hacemos las personas).
Los paseos me hacían ver que cada distancia se recorre paso a paso, en ningún momento he corrido.
Y en descanso, cuando reconocí lo bien que me había sentado el viaje, mis lágrimas brotaron, recordando a Raquel , mi preciosa sobrina a la que solo podré volver a sonreír en fotos, pero su sonrisa está en mi alma, a mi hermana Mauri, que tenía la mirada limpia como el mar en calma... recordé a todas las personas queridas que ya no estarán nunca más a mi lado, pero que permanecerán siempre conmigo en mi alma.
Y recordándolas así, en calma, mi alma se fue recolocando, las piezas se iban colocando y reconocí mi alma, mi fuerza,, mi sonrisa. quizás tan imperfectas como siempre, pero mías.
Y hasta mis amigos, los gatos callejeros, se acercaron en alguna ocasión, para quitarme la negatividad,
y volví, con esperas, volando, con cambio de paisaje, de clima, pero reencontrándome...
Marijose
