Nace un Nuevo Año
que será devorado
a grandes bocados
por cuatro estaciones,
en esas batallas no ganadas
entre el día y la noche,
pero es que a alguien se le ocurrió
contar el tiempo
en hojas de calendario.
Quisieron medir el tiempo,
que sus horas fueran iguales
con días de veinticuatro horas,
que cada minutos tuviera
sus sesenta segundos,
pero no lo pudieron atrapar
y en su total libertad
el tiempo vuela como un ave veloz
o se detiene parando todo
menos las manecillas del reloj.
Que mientras las manecillas del reloj
pasean por el 2017,
todos los aquí presentes
se sientan vivos de verdad,
que solo les duela el estómago
de reír y no parar,
que las lágrimas que surquen sus ojos
sean las de felicidad,
que acepten las arrugas
como cosas de la edad
y no les de por inyectarse
ácidos de inexpresividad,
y que cuando las luces se apaguen
quede brillo en su mirar,
para iluminar los sueños
al dormir y al despertar.
Marijose